jueves, 12 de abril de 2012

Los días están en mi contra

Seguir la luz como polilla bronca en su empeño de lanzar su vuelo celofán al instante sin valor. Tal vez el restello de sus golpes guía para zurcir al cuerpo que no sabe si el insomnio es fatiga de sentarse tantas horas en una silla, cuyo rechinar embiste a la certeza de sólo tenerse a sí mismo y sostenerse solo.
La suerte no es adversa sino inmóvil, múltiplo en mi ausencia.


martes, 14 de febrero de 2012

No me susurres así que me enamoro

No (me) regales chocolates ni bombones baratos. Tampoco dijes ni corazones con frases que en meses o años olvidarás. Mejor obsequia (me) artículos lindos de papelería: una libreta de pasta dura, un lapicero que, por amor de dios, no sea bic.

Susurra así de preferencia.

Y luego hablamos


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jueves, 2 de febrero de 2012

Máximas de la Huitrón II

Cuando estás a punto de escribir un e-mail y no recuerdas al destinatario, eres víctima de tu propia desmemoria.

martes, 24 de enero de 2012

Lo que uno encuentra en los antiguos apuntes de la facultad

Necesitaba refrescar algunos conocimientos del taller de lectura y redacción. Moví la caja de cartón, la abrí y empecé a rastrear. Malas noticias. Había olvidado que, en vísperas de algún examen final, la había prestado.  Comencé a pensar a quién la había entregado. Mis nominados fueron Neto, o Sol, incluso Víctor. Sea quien sea, espero que no la haya tirado, o al menos ruego haya sido enterrada dignamente.

Encontré otras libretas. En algunas de ellas encontré anotaciones bobas, mías, de cuando conversaba con Luis cuando la clase era algo aburrida, creo que también tengo una que otra de Vera, cuando tomábamos el taller de diseño editorial. También hallé un cassette donde grabé una entrevista que nos pidió Espejo, ¿lo recuerdan? decidí hacerla al T., que en aquel entonces comenzaba a gozar de las mieles de los premios y al escuchar mi voz reí muchísimo: voz diminuta, voz ratona, voz rasguño pequeño en la mejilla. Mi risa de rama casi rota a punto de caer por el ventarrón. También grabé a Hughes, en aquel entonces mi maestro de francés, por aquello de la clase de fonética  fonología. Vaya tiempos.

Anoté algo y no recuerdo a quién por que la letra no la reconozco, podría haber sido a Juan Ángel,  no me atrevo a asegurarlo. Ha sido graciosa y oportuna, con aquello del cumpleaños. Rían conmigo. Esto fue lo que escribí en diciembre del 2002:

"Propongo entonces, en este día, que antes de cumplir los treinta haré un tractatus de poesía, inconvenientes y posibilidades"

Atentamente, la interesada.

Ay, estos estudiantes pañaludos de Letras, lo que podemos llegar a escribir, sin importar el tiempo y lugar.

Y mis apuntes de semiótica, aún están impecables. Semiótica, esas clases ininteligibles de Georgina con las que sudé la gota gorda porque solía papalotear. Imposible no hacerlo. Mis antiguos colegas, me lo dirán.

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domingo, 22 de enero de 2012

Damas y caballeros, el baile del cumpleaños (este es, este es)

Pronto tendré all access al tercer piso o tercer umbral, alias "treinta años". Hace un mes que vengo pensando más disparates de lo acostumbrado, por ejemplo, qué importancia tiene que me esfuerce en ser más madura o por qué debo, en unos días más, guardar mis converse para usarlos sólo los domingos. Incluso he pensado en hacer una limpieza del armario para separar aquellas prendas que es conveniente no usar. Muchos me han dicho que aparento menor edad de la que tengo, pero no me sentiría cómoda.

Hace cinco años todo era más sencillo. Podía decir todo lo que se me ocurriera y publicarlo. Ahora debo tener más cuidado por que estoy en una esfera en la que puedo ser víctima de la Inquisición social mexicana. No sólo eso, entiendo que debo tomar en cuenta las consecuencias de lo escrito y aprender a 1) que se me resbale 2) aprender de ellas y detenerme cuando las teclas sean movidas por mis dedos llenos de víscera 3)planear mejor sobre lo que voy a escribir en este aburriblog y 4) aprender, otra vez, a que se me vuelva a resbalar. Por otro lado, si a los 25 el empleo no era bien remunerado no era gran cosa. En este momento, si no formas parte del universo de los asalariados, no sólo eres considerado un nini sino un fracasado y no quieres cualquier empleo: hace cinco años cualquier inclusión profesional era un chapuzón divertido, incluso emocionante. Ahora debes tener "el trabajo", "el cargo". Nos guste o no, sí tiene importancia.

Por otro lado, en las mujeres, la vanidad, antes reprimida o clandestina, va saliendo a la luz. En un cajón o en un espacio del tocador, comienzan los asentamientos de cremas y tratamientos. A veces el espejo se va cansando de nuestra boba expresión que va contando las dichosas líneas de expresión. La chica que diga que esto no es verdad, miente para hacerse la distinta. Chicos, yo les digo que, pese a sus quejas sobre el tiempo que invertimos en estas aparentes nimiedades, se hará cada vez más prolongado. Háganse a la idea. La chica que no use una crema, si esto es verdad, terminará con un rostro de lija a los 32 y créanme, esto no les va a gustar. Entiendo que esto es superficial, pero me ocurre de vez en cuando y no creo que esté mal.

Francamente lo que más me angustia no es la edad que pasa por encima de mí. Me preocupa cuando pasa sobre los que me importan, entiéndase, mi abuela con sus historias de hacienda y las apariciones de mamá Moncha y mamá Lasa o de mis padres que se quedan dormidos a los cinco minutos de haber encendido el televisor. No debería sentir la horca cuando intento contar las canas nuevas en su cabello, es saber que la cuenta de años para tenerlos a mi lado es cada vez menor. Un año más de vida es vida menos.
Dicho de otro modo: eres más consciente de la temporalidad. Aterra.

Sin embargo, lo que no había tomado en cuenta es que en este momento estoy adquiriendo mayor libertad, comprendo el valor de hacer, finalmente, cosas por mi cuenta y que, pese a mi reajuste económico, comienzo a sentirme más feliz. Creo que los treinta tratan sobre la paciencia, la serenidad y el alcance de una mayor plenitud. Los veinte son jolgorio, vértigo, arrebato. Supongo que eso era lo que temía, despedirme de la desmesura cuando rondas los veintialgos

Al final tanta fiesta cansa. Deseaba, hace unas semanas, celebrar con una gran producción para ingresar a mi nueva cifra, pero el lunes pasado entendí que no era necesario invertir tanto en un rito de iniciación. Creo que veré por separado a pocos, poquísimos amigos, propondré un día de estos ir a la playa y pronto haré un viaje corto en el que me esperan actividades que me gustan mucho, lo pasaré con una gran amiga y me encontraré con otro par de personas que agradezco su aparición.

Si alguien desea darme algún regalo, este sería perfecto. Aprendan los movimientos del hombre que aparece en esta estupenda canción de los Black Keys, pónganse una botarga y bailen para mí. 
Tal parece que, otra vez, lo haré yo.

En verdad que esta sí es mi rola de cumpleaños. Sacude el esqueleto. Pronto, pronto, 30.









jueves, 12 de enero de 2012

Para el indignado Javier

Esta es la primera y última vez que escribiré lo siguiente.

Javier:

Este blog surgió como un diario abierto para mis amigos, los únicos lectores, quienes suelen estar más contextualizados de lo que ocurre en mi vida. A partir de ese año, del 2008, muchas cosas empezaron a ocurrir, producto de lo que se supone debe atravesar un profesionista-neófito en el ámbito laboral. Acababa de volver de otro país después de un par de años y lo lógico era buscar un empleo. Posiblemente la impaciencia por la actividad me condujo a desempeñarme en un área en la que definitivamente no tengo vocación, a tal grado que la abandoné, para bien de todos. 
El día de hoy he leído tus comentarios, bastante rudos por cierto. Tal como mencioné líneas arriba, este espacio lo utilizo como catarsis, como diversión, como ocio. Te parece que mi actitud fue poco responsable y ética, por supuesto que lo fue, eso no lo discuto y lo admito. Sin embargo, no pienso defender a las personas mencionadas porque yo no creo en la inocencia de la gente de acuerdo con la edad. Estas chicas no fueron buenas personas. Lo he dicho ya, ese post fue mi modo de expresarme por aquello que no me había hecho sentir bien. Por lo tanto, no pienso permitir ser blanco de insulto cuando la persona que lo hace, en este caso tú, no tiene idea de lo que la persona que lo escribió, yo, tuvo que pasar. Este suceso ocurrió hace varios años y puedo decirte con toda honestidad que aprendí de ello. Te invito a que lo superes como lo hice yo.

Una cosa más. Como  únicamente te centraste en el nombre de una chica, podría suponer que la conoces y por ello deseas empuñar la espada de Damocles conmigo. Descuida. Seguramente ella es lo suficientemente madura para defenderse por sí sola. Por otro lado, si te sentiste aludido por algún motivo en particular, te pido te relajes. Ellas hablaron peor de mí, así que creo que ellas y yo estuvimos a mano HACE CASI CUATRO AÑOS. 

Lo digo una vez más: mi blog es catarsis extendida a mis amigos. Así como tuviste tiempo de leer únicamente ese post, al menos hubieses leído otros más para darte cuenta que a quien suelo criticar con mayor frecuencia es a mí y de quien suelo burlarme es de mí. 

Por último, una crítica se elabora a través de la argumentación, no del insulto. Quizá por eso creo que conoces a estos personajes. Si no es así, te recomiendo que expreses tu acuerdo o desacuerdo a partir de sólidas bases, de fundamentos, no de adjetivos calificativos que se orientan más hacia la ofensa que hacia la contundencia. 

Pese a todo, agradezco tu ánimo para hacer el intento de opinar.

Quiero continuar con la misma línea de mi blog y es mi deseo que mis amigos sigan opinando o diciéndome, con respeto y con argumentos, cuando he errado o no. Pido leas con atención el mensaje que escribí para ti y  te lo lleves.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

No recuerdo muy bien, pero así me parecieron

Las historias continúan.

Últimamente no puedo estar sola del todo. Pregúntenle al invierno, a mis verdaderos amigos -no a los cretinos que ahora hablan mal de mí bebiendo chelas o a esas mujeres que consideran su dolor superior al del resto del mundo-, al voluble clima xalapeño.

Pregunten, pregunten.

Mientras tanto y sin importar si se me olvida mañana, así te pienso


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Dos mil once. No te califico

Este año fue la onda.
Viajé, reí, bailé, regresé a lo que me gusta, me alejé de un psicópata, me despedí con ternura y tristeza de un chico particular y continué con despedidas. También con reencuentros. En esta ocasión no haré ningún top ten de lo mejor y de lo peor. En general, haberme despojado de estos giros sin completar, uno de los cuales me llevó a la náusea, me permitieron levantarme para retomar el ritmo, mover los hombros, sacudir la cadera y el corazón.

Y aprendí a colocar mi nombre. Creo que funcionó. Pregúntenle a mis amigos y mi par de triunfos que ellos saben, a mi nuevo color de cabello, a la fiesta de la revista Esquire con sus modelos, mirreyes , pregúntenle al nuevo (ce gars qui aime the smiths et qui m'ai invitée à dancer, je me souviens de ce tourne. Maintenant il m'envoie les textes le plus douces) a mi presentación del taller como esposa que regala pavos asados y a mi clase de baile en la que mi improvisación gustó a la maestra.

Las aventuras continúan, más constantes que nunca. Me alegra haber abandonado aquel escritorio.

Tal como diría mi adorado Temperley:

Soy feliz. Me han sacado del mundo.




jueves, 1 de diciembre de 2011

A treinta días de que se escurra otro año

primero de diciembre, Juanelo y yo conseguimos boleto para el concierto de Radiohead, a las siete de la mañana el termómetro, según Isidro Cano, marcaba siete grados, es cumpleaños de Nicolei. Veintiocho años. Tres años atrás me tomaba fotos bajo el puente de Londres. Faltan cuatro días para el cumpleaños de mi compamanco, diecinueve para la llegada de mi hijo simbólico, veintidós para volver a ver a mi sobrino. En unas horas mi primo marcha a Panamá, podría residir ahí, yo no conozco Panamá. 
Llego a la página cien de un libro. Disfruto ser la entrometida de los textos, la correctora, jack the Ripper versión cursi y nunca malintencionada, me pregunto si a ese ritmo podré comprar un boleto que me lleve a Panamá. 
Nicanor Parra gana el Premio Cervantes, releo esa estrofa de Coplas al vino :"algunos toman por sed /otros por olvidar deudas /y yo por ver lagartijas /y sapos en las estrellas" y no sólo veo reptiles, sino un prisma que me sigue cuando bailo y escarabajos en mis rodillas luego de beber no sé cuanto y de  llegar a no sé qué hora. Ya lo he dicho, que el resto de mis ex compañeros de la Facultad se queden con su Borges,  siempre se lo quedaron y lo prefirieron, yo me quedo con el vino y mi alma que no quiere esperar a su gemela.
Hoy cumplió años Nicolei. Salí de casa a tomar el sol porque no aguantaba el frío, mi habitación es una nevera. Recorro el retorno y al llegar a la araucaria  encuentro un condón, usado. Yo siempre creí que nunca sería lugar para coger, quién cogería, por qué a metros fuera de mi casa. Pasa una avioneta, recordé aquel fin de semana de helicópteros, mi padre no dejaba de salir a la terraza. 
La distracción dice rana y salto. Quién cogería afuera de mi casa. Llegué a la página cien. Lo frío de las falanges es la invalidez del grillo, no avanza el teclado, se retuercen las palabras. Así se justifica mi entorpecimiento.
Recibo la noticia que una amiga podría casarse el próximo año, quiere que sea su madrina. Si es en la playa me gustaría estar todo el tiempo descalza, prescindir de los tacones que atormentan mi equilibrio, pero hoy conseguí mantenerme, con dignidad, mientras hacía la postura del danzante. 
El faisán de aguardiente me escribe "¡Toda la H. me alucina!", la distracción vuelve a decirme ¡rana! y esta vez mi salto llega hasta Panamá, pero es mi primo quien viaja en unas horas.
Panamá. Panamá.

lunes, 21 de noviembre de 2011

No sabía lo que era "el luto"

Sólo le lloraba a un chico muchos días hasta que el rostro se cansara, no me fijaba en alguien más pasados los meses o los años. Era mi versión decimonónica de cerrar las puertas cuando me cerraban las ventanas, consideraba que el rigor de mi abstinencia me haría más digna. Ocurrió sólo una vez. Me volví patio oscuro cuya compañía era un farol viejo que tosía falenas. Sólo pasó una vez.

No sabía lo que era el luto hasta hace una semana. Yo pensaba que sólo se trataba de llorar y quizá encerrarse un poco, no mirar a otros chicos y suspirar de vez en cuando, buscar lecturas, tomar consuelo en los regaños de los padres y en las conversaciones con las hermanas y los amigos, que el duelo era una extensa escalera de caracol en la que al final esperaba un pasillo iluminado en cuyo piso era posible patinar sin resbalarse. Y que los cortes o cambio de color en el cabello aliviaban un poco el malestar de estar nuevamente sola.

Ocurre que no se trató de una relación lineal, en la que dos hablan todos los días, se escriben, van al cine, pasan el tiempo en los cafés, cogen como si fuese el último día en este mundo. Esos "últimos días" fueron paréntesis que se abrieron y cerraron durante seis años. Pensaba que, como tales, el resto de los días/meses, podían ser frases que podía llenar con otros nombres, unos más feos que otros, con chicos más feos que otros, más guapos que esos feos, listos a veces o verdaderos cretinos. Pensé que ese paréntesis sería sencillo no volver a verlo estorbar entre los párrafos.

No comprendí cuando algunas amigas y Juan me dijeron al volver que viviría "el luto".  Me resultaba una palabra ajena, que podía tomar superficialmente como tantas otras que decimos cuando bebemos de más o queremos resultarle a otros más atractivos. Yo ya no lloraba. No me cansaba de decirles, exhibiendo cinismo, que eso ya era agua pasada. A continuación les enlistaba aquello en lo que él y yo no congeniábamos, en su afición  por un género musical que no tolero, por su apología a un pop star que no me gusta. Los momentos que pasamos mal los tomé como chiste: su modo de sorber cuando bebía café o su vida basada en cifras banales: conteo de kilómetros recorridos, calorías consumidas, páginas leídas, dinero gastado o por invertir, como si eso definiera un buen o un mal día, y mi antepenúltima noche, cuando brillé por malacopa agrediendo la concepción del respeto de los noruegos. Reuní estos elementos para reírme de ellos, hice esta historia lo más hilarante posible, mi rol  no fue de víctima sino de comediante. "¿Cuál luto?" Mi experiencia, ya lo he dicho, era decimonónica.

Vi hace una semana las fotos, uno de tantos "antes", el último "antes", mayo en Tlacotalpan y el después, ya en su tierra. En mayo estábamos insoportablemente sonrientes, porque éramos insoportablemente sublunares, sus ojos eran par de láminas azules que partían a la mitad mi risa para que él tomara la otra parte. Escucho al pop start aquel y siento comezón, escucho cumbias y la nostalgia me da balonazos a la cabeza. En las del "después" saco la lengua y abro grandes los ojos, él intenta sonreír pero no puede. Ese día, cuando fuimos al puerto le dije "deberíamos tomarnos una última foto", porque ya era mi último día y sólo quería pasarlo bien,  quise que no me importara, procuré que no me importara porque me lo había propuesto, de ahora en adelante.

Apenas ha pasado mes de mi decisión de no verlo más. Mi empeño ha continuado. No voy a escribirle y cada vez me siento más segura que así debe ser. Como "luto" conocía el llanto, el desaliento, las puertas cerradas y la ausencia de luz, pero no sabía que podía ser irresponsable por reaccionar de modo cínico al desamor: no dejo de salir, me conforta el desorden y la bulla en las cantinas, las luces de los bares y los antros, bebo de más y me meto en líos que no me importan pero me salen caros el romance es auténtica carnicería cuya factura me cobra subirme al ring con aquellos que me quieren. Siento una rabia equiparable a un aeróstato cuya caída será furiosa.

Conclusión: padezco un sentimentalismo desafinado que acompaña sin invitación a los desahogados suspiros de bicicletas. A grito pelado desentierra columpios y resbaladillas, considera su peso igual al de las pestañas a punto de vaciar sus bebederos.




lunes, 14 de noviembre de 2011

Máximas de la Huitrón

Quiero ser una poeta fichera para que la musa se me adhiera


Sanísima intertextualidad/diálogo a partir de un poema inédito de Segovia

Ocurre que, luego de mi viaje y de mi experiencia en Howth llegué, tal como lo he expresado hasta el cansancio el pasado mes y este, con un nuevo ánimo, más jacarandoso, desintoxicado, sin pelusas. Sigo moviéndome de lugar a lugar y al mismo tiempo pongo a prueba la paciencia mientras continúo en esta ciudad que me cansa a veces.

En momentos como éste, se reúnen "sin querer" algunas cosas que se relacionan y van uniendo un rompecabezas que se trata, ni más ni menos, de aquello que te preguntas y buscas de la vida. Para muestra lo siguiente.

El sábado por la mañana leí un poema inédito de Tomás Segovia titulado "Era Eso".  Ese mismo día por la noche (sí, fui aburrida, mis gallos no estaban y me quedé toute la nuit) terminé de leer la barque silencieuse de Pascal Quignard, libro que recomendaré hasta que se harten de mí, y termina aludiendo a un acantilado (no quiero escribir más, lo tienen que buscar, lo tienen que leer), y lo escrito se acerca a lo que yo escribí sobre Howth. Para concluir tuve un sueño bellísimo, en el que otro camino aparecía para mí, más largo que los demás pero más hermoso. Al despertar me sentí tan bien que lo conté a algunos amigos, incluso lo publiqué en puentecitos-virtuales-disquesociales. 

Esta mañana, hablando con Joakinky sobre el asunto, me propuso hacer un ejercicio a partir del poema de Tomás Segovia reuniendo esas piececillas (la lectura, el sueño) que han hecho que mi vida, hasta ahora, valga la pena estar siendo tamarindeada, vivida. Les aseguro que cuando terminó mi sueño desperté comprendiendo el "Era eso" de lo que hecho y lo que quiero hacer (un tránsito más largo para mí y al parecer mucho más hermoso).

Como sé que les dará flojera dar un simple click al enlace, transcribo a continuación el poema de Segovia y luego mi ejercicio. Hagan el suyo, no se arrepentirán. 

Era eso

Detenerse un momento
No sabiendo por qué
En una apaciguada orilla
Donde un frescor nostálgico
Que por allí retoza
Vivifica la piel de nuestro rostro
Mirar el agua ensimismada en sus reflejos
Las nubes distraídas
El verdor repartido en sabias manchas
Y saber con certeza que era eso
Que por estos momentos
Ha vivido uno tanto.


Ahora mi ejercicio 

Sábado
La barque silencieuse de Quignard.
El último alude a la muerte
mirando desde un acantilado.
Recuerdo Howth , su aire purísimo
y el poema inédito de Segovia.
Era eso.
Fue la reunión inexplicable de mis
despedidas, sus silencios,
los nuevos caminos por venir,
mi torpeza para llegar a ellos.
Al domir, soñé que perdía el camino
para volver a casa, repetía cuan
torpe he sido siempre con los caminos.
Apareció una anciana. Dijo que eso
pasaba siempre, que no era un error grave
llegar a otra vía. Entonces me señaló
un lugar bordeado de flores.
Era eso.
Saber que a pesar de todo
no he vivido mal sino tanto.
Desperté. Sé a dónde voy a llegar.

Anímense. Respiren. Diviértanse, hagan el suyo. 




Gracias, Juan :)

viernes, 11 de noviembre de 2011

Campos de sorgo

Mi madre siempre ha sido muy tajante conmigo cuando debo convivir con la abuela: "recuerda que tú también llegarás a vieja". Quizá lo que más me ofuscaba es que en viajes como el que hice la semana pasada, sería yo su niñera. 

No dormí el par de días que estuvimos en Lagos de Moreno. Ella no dejaba de preguntarme por qué la luz del clima no se apagaba, se paraba a medianoche buscando sus pastillas para dormir, se imaginaba a su par de hijos varones enemistados viviendo en casa otra vez, diciéndomelo como si yo fuese a estar de acuerdo con ella, como si no fuera a decirle: "recuerda como es C., tarde o temprano una de sus cabezas estaría colgada en el limonero de tu casa". Luego rezaba y cesaba su inquietud. Sin embargo, el desvelo me tenía reservada otra sorpresa: el balido de una mujer que parecía estar viviendo el mejor orgasmo de su vida. Creo que sobre eso, mi abuela prefirió no hablar y yo no quise preguntarle, ya saben, el respeto a los mayores. Aún recuerdo que en el comedor del hotel yo intentaba escuchar con atención a las mujeres que ahí desayunaban, creía correr con el tino y la suerte necesarias para poder identificar a aquella desquiciada que tuvo menos de media hora efectiva. Había una. Alta, de cabello negro, usaba una blusa ajustadísima, unos shorts que le amordazaban el culo y unos tacones, mínimo, de 12 centímetros. Quise suponer que era ella, pero tampoco debería subestimar a las señoras que al día siguiente permiten con dulzura que sus hijos se atasquen de hot cakes en la barra del buffet.

Luego, con la intención de conocer a San Hermión, que según la gente del pueblo es milagroso, mi abuela cruzó la calle sin avisar y entró veloz a la iglesia. Le rezó al santo, supongo hizo su petición y le presté cinco pesos para "encender su velita". Damas y caballeros, poco a poco la Iglesia busca modos de recaudar limosnas gracias a la mínima tecnología, colocas la moneda y en automático se enciende "tu velita", la cual se apagará cuando los focos tengan que ser apagados debido a la alta demanda de los feligreses por solicitar se realicen sus deseos. Debo confesar que me agrada el silencio de las iglesias, uno puede estar sentado en la banca sin rezar, sin quejarse y sin pedir que la iluminación llegue a tu vida. Lo comparo a veces con el silencio que hay en las bibliotecas (jamás la de Humanidades de la UV cundida de urracas de pedagogía), donde hay una absoluta disponibilidad para penetrar amorosamente los textos. Mientras disfrutaba de tanto enmudecimiento, mi abuela ya había tomado uno de los crisantemos que formaban parte del adorno floral para San Hermión. Le dije que no lo hiciera. Ella me respondió "pero hija, sí se puede, sí se puede". Guardó la flor en el cierre externo de su bolso. Para ella no era un souvenir, supongo que lo vería como el acuse de recibo de su milagro.

En cuanto a las reacciones de mis padres al respecto. Para mi madre es sólo un chiste que estoy segura aún no entiende y no podría explicármelo con claridad. Para mi padre, una muestra de que su carácter ha sido notablemente domesticado. 

Lo que sé es que pasan los años  y cada vez es más imprudente, se acerca a la gente y comienza a mostrarles la foto de mi sobrino, te pide las cosas como si fuese un secreto cuando no es necesario, piensa que mis manos son idénticas a las de mi padre, hace un conteo de la cantidad de pan que mi madre ha comido en la mañana y de las cucharadas de guacamole que me serví "porque he comido mucho, por que no debería subir de peso", y de la respuesta de mi primo cuando ella le preguntó que por qué no tenía una novia: "ahora todas las chicas se dejan besar, no es necesario". Si yo le hubiera dicho eso, muchos padres nuestros y aves marías.  Si serás puta, habría pensado. Aunque, pensándolo bien y recordando la ocasión que me dijo que aún estoy en edad de enseñar...

Debo admitir que estoy a la expectativa de lo que nos ocurra con ella en navidad.


miércoles, 2 de noviembre de 2011

Howth


No pesan las piernas ni las botas reblandecidas. El viento arde en la nariz, se acurruca apenas escuchando aquí, ahora, comienzo que zumba sin dolor en los oídos.

Aquí, ahora. El tiempo no insiste abalanzarse sobre las ciudades que consumen la cólera. Se sienta al lado, lanza su flauta al Atlántico, cuelga la calma rozando al tímpano, concilia al silencio. A él me abrazo.

Suturo la úlcera de haberme sentido en la orfandad. La soledad existe y es plenitud. Deposito en los acantilados la melancolía por los cuerpos cuyas raíces lloré y en placer yací en su península. Penetran en el agua espesa para alcanzar el barco que navega sin compañía, apacible por ser el único en cruzar el mar y dirigir el timón sin sentirse amedrentado por los muslos impacientes de las olas. Así nadan esos cuerpos. La ventisca me tira del cabello. Aquí y ahora me separo de esa minúscula legión. Su ausencia no desequilibra el peso de mi historia: el porvenir nunca sabe cuántas veces hay que trazar nuevos destinos en un mapa para dejar a los recuerdos instalarse en un lugar que no los aprisione, sino los deje correr libremente.

Mis pulmones izan velas, no quedan pliegues dolorosos. Abajo un hombre se baña. Lo miro y resisto el escalofrío, resisto sentada antes de desbocarse la lluvia. Con él me baño. El viento hiende las mejillas, sudan las falanges por la humedad de los guantes. Veo sus rodillas, firmes estacas que la vida nutre. Debajo de mis guantes y mi abrigo corre también una vertiente. Anega la circulación de una sangre que avanza a la velocidad de una estampida de gacelas. Aquí y ahora es un jalón que impulsa a decir, por primera vez, mi nombre.

Mi bufanda es respuesta que el aire a empujones de niño juguetón desanudan: torpes, estorbosas. El corazón necesita otras grutas para recorrerse y encontrar la ausencia de límites. Los ancianos atravesaban cuesta arriba con pasamontañas, con la juventud recuperada, con el pecho pulsándoles vivaz. El corazón recorre nuevas grutas para encontrarse inagotable, gritándonos también aquí, ahora.

Ignoro a las nubes amontonadas con el vientre listo para parir el aguacero. Comprendo al silencio. No temo a los días que en boomerang abrirán la cabeza por las malas decisiones, cuya cuenta es mayor en violencia. Se olvida nuestra condición de alambre de púas en cuerpo de recién nacido. El Atlántico disuelve en su aliento prolongado los rasguños, no hay espacio para los siguientes.

Columbro dos delfines. Párpados de espuma abriéndose apenas, desperezando el oleaje. Los encuentro y siento que en ello la vida finalmente atrae un significado más limpio, visible, como si de una epifanía se tratara, donde no resulta indispensable acumular tantas palabras espinosas que cargaban luto por no saber cómo decirse.

Aquí, ahora. Soy mecida por el aire más puro que agita mi columna y luego se ciñe a mí para sentarme, su impulso es alambique que al cruzar los brazos algo en mí extrae. Mi pecho es aeróstato que viaja y lo que ve lo goza sin añoranza.

La soledad es plenitud. Vuela apacible con los cormoranes. Qué son los nombres, me preguntaba: aquí, ahora, parapentes que dirigidos al mar no mueren, se hunden para fundirse lejos de nosotros. La apología llega muda a los labios, descansa en ellos, sólo hay que abrir un poco la boca sin esperar a nadie. El corazón recorre nuevas grutas para encontrarse inagotablemente nulo de despedidas, de la sucesión de cicatrices provocadas con alevosía. No es válido disculparse. No es necesario disculparse. El corazón se sabe desmedido, su lienzo está en blanco. La vida se acuesta en él, enamorada, reposando al fin.

El hombre termina de bañarse, con lentitud se aleja del agua, no tiene prisa para ponerse la ropa. Me visto emulando esa postergación, me visto tan cerca de esa agua que lo alimenta nuevo y me alimenta nueva a mí, con el salto que encara al frío y lo reta sonriendo, no hay daño. El sol no aparecería, ni siquiera improvisado. El frío no lastima. A unos cinco metros de mí, una pareja de mediana edad camina de la mano mientras su perro ágil avanza los tramos sinuosos, llenos de rocas pequeñas. No echan de menos la proximidad con el animal. Su presencia subyace cuanto más lejano corre, cuanto más pueda avanzar sin voltear y esperarlos. De ese modo nadaron y se hundieron mis posesiones, la memoria a sacos sofocada, mi voz pesada por el estorbo de aquellos cuya música inició como una fiesta y terminó golpeándose tal falena en una lámpara. Desaparecen aquí, ahora, en la gran campana del Atlántico que salpica en su sonido plenitud.

La soledad es su pálpito, clarísima presencia que mansa enmudece.

Revivo en la inmensa bocanada de los acantilados.

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jueves, 27 de octubre de 2011

Nico, I was wrong

I made a mistake and I don't know how to fix it



I start all over again with grace. I start all over again with joy but I truly want to meet you again 

miércoles, 26 de octubre de 2011

Relatoría de un ligador madrileño anti crack y prolegómeno de los tres tatuajes

Lo que me divierte de Madrid es el acercamiento desbocado de los chicos. Contrario a los nórdicos, en un bar o discoteca (antro en mexicano :p) siempre habrá alguien que te mire con insistencia y que busque de ese modo ser mirado, incluso en las calles. Te piden un cigarro, luego tu nombre, de ahí va el número, incluso hasta te invitan a permanecer más tiempo en el bar. Si te mueves más de la cuenta mientras bailas, puedes conseguir lo imposible.

En una de esas noches revival con mi adorada Mir, decidimos ir al Retro Club, lugar donde puedes bailar, gracias al cielo, canciones de rock (jamás de Pitbull, don Omar con su puñetera danza Kuduro o Lady Gaga por mencionar algunos), la dj increíble. Hace la noche con the Kinks o the Clash. Mi amiga y yo podemos darlo todi: brincamos, nos movemos, cantamos. Estamos para la música, damos el salto quignardeano de acuerdo con la novela Butes. Nunca nos sentamos o nos paramos en un rincón a esperar "a que pase algo". El tiempo pasa conforme las luces de la pista, el mínimo intervalo entre una canción y otra. Para eso hemos bebido litronas (caguamas) antes, no hay que gastar tanto en copas. 

Si estás involucrado tanto en la música es plausible pensar que el resto del mundo pasa de ti. Absolutamente no. He llegado a creer que en Madrid de noche nadie pasa de ti. Mir y yo bailábamos y bailábamos hasta que llegó un momento que, despejado un poco más el lugar, conseguimos mejor sitio para movernos. Un chico había abandonado la atención en su pareja de baile para mirarnos, más tarde nos seguiría. Otro par de chicos también comenzaron a mirarnos hasta que llegó una chica para decirnos "¿Queréis conocer a un par de amigos míos? Mi amiga y yo dijimos al mismo tiempo "no". Pero un no es algo que un español a veces no suele comprender bien. Se acercaron de todos modos a nosotras. En verdad mi único deseo era bailar hasta cansarme. Cuando a una chica le fastidia este tipo de momentos lo mejor es portarse un poco pesada, lo cual consiste en otorgar respuestas como:

a) ¿De dónde eres? "de muy lejos, no conoces".
b) ¿Qué haces? "paso nada más el rato".
c)¿Cuántos días estarás en Madrid? "me voy prontito".

Si después de tres preguntas continúan, tomas a tu compañera, te cambias de lugar y sigues bailando.

Oh no, la situación no terminó ahí. Hasta ahora van tres, ¿cierto? al estar unos metros lejos, dos chicos, uno más entusiasta, nos aplaudió y dijo "¡por favor, no dejéis de bailar así!", incluso aplausos recibimos. De repente otro se acercó a mí preguntándome "¿por qué no te había visto antes"? Tamarindi respondió, damas y caballeros, de la siguiente forma:

"Porque ahora estás borracho"

Después de tanto traspiés con los muchachos, supongo que llegó mi momento de ser creativa. El tío se indignó, partió y seguí feliz, pero cuál va siendo mi sorpresa cuando regresó y comenzó a justificar su pregunta, diciendo que las mujeres siempre buscamos lo mismo, que de hecho, como los hombres, tenemos dos penes. Sabemos todos que él quería ligar y que cuando una chica quiere ligar podría responder la tonta pregunta citada líneas arriba, sin embargo no era mi interés. Sólo levanté el pulgar para darle el avión y volví a  mis bailes. Volvió a acercarse. Me pidió una disculpa. Respondí a su etílica apología de la siguiente forma:

"No te preocupes. Cretinos como tú he conocido casi toda mi vida".

Nos abrazó y dijo "ahora vosotras sois mis mejores amigas". 

Mir y yo decidimos partir. Al salir otro chico nos grito "¡¿por qué os vais"!? y aquí volvemos al punto de partida. Respondí que venía de "un lugar muy muy pero muy lejano"  y partimos. 

Así es Madrid de noche mis queridas damas guapas.

Ahora doy un salto en el tiempo. Remontémonos al aquí y el ahora. Los reencuentros en un antro local pueden dejarte con una gran sorpresa. Creo que los chicos de mi edad deben aprender de las jóvenes generaciones. Madre mía. No fue el bacacho.

Un crack. Tres tatuajes

No todos los equipos son como en España (sic)

En este punto posiblemente Oy. haya tenido razón sin querer el día que vimos en la tele jugar al Rosenborg, su equipo, e hice unos comentarios que no le gustaron nada, se puso serio y me dijo "Lorena, no todos los equipos juegan como en España". 
Revisando los archivos musicales de Mir, me compartió que hay un equipo cuyo himno no he podido comparar (aclaro, ella le va al Schalke y luego al Real): el rayo Vallecano, ubicado en Madrid también, al sureste de la ciudad.
¿Qué más puedo decirles? Aunque hace poco pasaron a primera división y tuvieron el infortunio de perder contra el Real Madrid hace casi un mes, su himno es tan contagioso que en verdad puedo cantar ¡vamos rayito! Me parece una verdadera celebración del fútbol sin importar el costo de los fichajes.

Me dan ganas de bailar ¿a ustedes no?
¡Aquí hay calidad! ¡Fuerza en Vallecas!

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jueves, 20 de octubre de 2011

Decálogo de "mis cinco semanas". Lo mejor

1. Reencuentro con Mir y el compadrito. Gracias a su paciencia infinita y a su gran alegría creo que lo pasamos bomba.
2.Acantilados, Howth. Con ello los aturdiré en un par de semanas. Un momento que cambió la vida de esta tamarinwoman. El aire purísimo. Vimos dos delfines. 
3. Trinity College, Dublín. Si fuese estudiante, lo que daría por tomar unos cursos. Por otro lado, alucinante la biblioteca con esos doscientos mil libros antiguos. Si eres de mi especie litefriki podrás recordar, como yo, ese poema de Quevedo...
4.Retro Club con Mir. Las bailarinas más cotizadas de la noche XD. 
5. FB party. Doce horas non stop cabareteras que dudo revivir en mucho tiempo. Bebida y comida al por mayor, una banda tocó chido y luego el dj nada mal. Un francófono me dijo que tenía buen nivel de francés y  luego durante varias horas pude entablar conversación con un majo (y guapetón) irlandés, bailé hasta cansarme dentro de la pista y fuera de ella y caminamos bajo la lluvia bailando en las calles de Dublín.
6. Parques de Oslo y Dublín. Las hojas de colores, las bancas y los lagos. Es posible leer y escribir, nunca la soledad ha sido tan deliciosa.
7. El puente donde pedí mi deseo. No se cumplió, pero cruzarlo con la frustrada intención fue divertido.
8. Cerveza Guinness. La mejor bebida, damas y caballeros. Mi concepción de la cerveza ya no es igual.
9. Puerto de Oslo. Segunda y última visita. 
10. Verlo bailar cumbia.

Volver volver

Elegir pasillo al viajar es la opción más razonable. Prefiero perderme la vista a tener que atravesar cuatro piernas para poder ir al baño, para caminar, para despejarme por tantas horas de trasero anestesiado. Zoe, una niña de cuatro años de madre mexicana y padre alemán comenzó a mostrarme sus tizas de colores. Más tarde me preguntó si me gustaba ir "allí". Refiriéndose a mi país, por que en verdad a eso se refería, le respondí "claro, si aquí vivo, soy mexicana". No quedó conforme con mi respuesta. "¿Sólo tienes una casa? yo tengo dos casas, ¿dónde está tu otra casa? tú también tienes otra casa". Ante tanta contundencia, preferí no decir nada y dedicarme a buscar alguna peli. Volvió a preguntarme lo mismo. Tan sólo tiene tres años y está segura que, así como ella, el resto tenemos, al menos, dos lugares. Solía tenerlo hace tres años pero en verdad no era del todo mío. Me quedo con un sitio. Sin embargo, me sentí un poco incómoda. Aún pienso en ello. No creo que sea mi falta de sueño y el deseo de poder dormir bien esta noche. Cuatro días sin pegar ojo, las ojeras hasta el piso. Mis padres me han dicho que me ven más delgada y me sentí obligada a comer todo el risotto. Las margaritas de fresa se me subieron un poco, mis mejillas estaban rojas, yo que, desde Oslo, decidí no volver a beber. Desde Oslo decidí no volver a verlo. 

Yo quiero tener otra casa. Sola. Aprender a cuidar plantas y dejar los platos impecables.